CHARRÚA

A menudo la fórmula de la sencillez funciona; y es así, sin ninguna duda, en Charrúa. Nombre que hace honor a los feroces cazadores que habitaban en el siglo XVII en lo que es hoy el sur de Uruguay; una tribu indígena para quienes el fuego era fundamental.

Así, en la carta de este cálido local ubicado en el madrileño Barrio de Justicia, se puede disfrutar de una amplia variedad de carne de vacuno traída de distintos lugares de procedencia como: Uruguay, E.E.U.U., Finlandia, Alemania/Holanda y por supuesto, España.

Cocinadas a la vista del comensal a la parrilla con su leña de encina, diferentes variedades y selectos cortes, desfilan de mesa en mesa cumpliendo con aquella otra regla de oro que reza que menos es más.

Así, una rica carne, como el 1/2 kilo de Lomo Alto “Prime” Black Angus de Nebraska o las Mollejas de ternera, más alguna verdurita fresca a la parrilla (alcachofas, berenjenas japonesas y puerros fue nuestra elección.), satisfacen con creces las expectativas.

Quien lo desee, y si aún tuviera hueco, puede rematar su experiencia con cualquiera de sus agradables postres caseros, entre los que se encuentran un cremoso Flan de Mascarpone con dulce de leche o sus tradicionales Panqueques, reservados éstos eso sí, para los más golosos.

📍Calle Conde de Xiquena 4, 28004 Madrid.

El Bohío

En ocasiones poco puede uno decir de sitios tan emblemáticos como es el Restaurante El Bohío (en Illescas). Y más hoy en día que todo el mundo opina o cuenta su experiencia aquí o allí, entienda o no entienda, se dedique o no a la gastronomía.

Más aún cuando parece que todo ya está escrito, ocurre que tras visitar este mítico de la gastronomía española, y aún habiendo incluso pasado un tiempo tras la visita, advienen a la memoria gustosos recuerdos relacionados con la expectante experiencia que supone sentarse en alguna de sus mesas.

Memoria e identidad, dos notas plausibles y palpables en cada exquisito y logrado bocado. Culto a la tierra donde se arraigan las raíces de la cocina que iniciaron los padres de Pepe y Diego, varios lustros ha. Igual que entonces, en su cocina siguen gestándose un sin fin de memorables platos donde el cariño y la calidad se entrecruzan de forma casi atemporal, acompasada y sinérgica.

Al Bohío hay que ir sí o sí aunque sólo sea para respirar la historia viva de una familia que llegó a conseguir casi desde “la nada” la segunda estrella Michelin de Castilla- La Mancha. Y hay que ir, porque aún conmueven, sorprenden y emocionan.

Story

Caminando por la Ciudad Condal, nos aventuramos a paladear algo para picar. En busca de la mítica coctelería “Strawinsky”, dimos con Story Restobar. Un acogedor local situado cerca de la Catedral de Barcelona, en el Barri del Born, decorado con estanterías repletas de libros, y comida (como ellos mismos llaman) “Arte-Sana”. Optamos por unos corazones de alcachofa con salsa criolla, muy ricos; un tataki de atún, y un confit de pato “Picasso”. Tres sabrosos platos, equilibrados en la mezcla de sus ingredientes y muy bien cocinados. Cuentan con opciones vegetarianas, veganas y sin gluten. Buena música (incluso nos comentaron que las noches de los jueves dan mini conciertos de Jazz en vivo y en directo) y relación calidad/precio inmejorable. Sencillo, discreto y coqueto. Y buen ambiente, que es importante.

KAKTUSBEER

El paraíso de los celiacos y los no celiacos se llama Kaktusbeer y se encuentra en Villaviciosa de Odón (Madrid). Ángel Sánchez, apasionado de la cocina, de la cerveza y de los kaktus, ha logrado montar el primer restaurante 100 % apto para celíacos (con el distintivo correspondiente de la Asociación de Celíacos de Madrid), con 8 grifos de diferentes cervezas, todas ellas hechas de forma artesanal por él mismo, tres de las cuales son todo sabor pero #glutenfree al cien por cien, incluida una deliciosa Pale Ale, que no es fácil.

Un local muy acogedor, cuya carta cuenta con una gran variedad de platos (croquetas de muchos sabores, aros de cebolla, arepas, nachos, carrilleras, setas empanadas, entrecot de lomo alto, pollo al ajillo, huevos rotos con jamón, ensaladas, hamburguesas varias, una de ellas #vegana y exquisitas tartas caseras, e incluso torrijas sin gluten, ¡sí, sí!, ricas no, ¡lo siguiente! Para darse un homenaje a muy buen precio y sin miedo alguno a la tan temida contaminación cruzada.

Y es que hoy en día es más que común que alguno de nuestros amigos o familiares sufra de celiaquía y es un lujo poder celebrar una comida apta para todos, sin exclusión. ¡Enhorabuena por el proyecto y larga vida!

Kabutokaji

Así como 𝗞𝗮𝗯𝘂𝘁𝗼 es el casco tradicional de la armadura japonesa, empleado por primera vez por los guerreros medievales japoneses, que evolucionaron hasta los samuráis, “Patty Kabutokaji” es el alma mater de Kabutokaji, restaurante que regenta con una excelente mezcla de eficiencia y amor y rigor, a partes iguales.

Lo de Kōji viene, nos cuenta Patricia Carbajosa, de su fascinación por Mazinger Z, cuyos fans recordarán a Kōji Kabuto, el protagonista. Lo cierto es cuando se entra a Kabutokaji se percibe una grata sensación de placer. paz y armonía, que contrasta de maravilla con la versatilidad de cada detalle, decorativo o sensorial, agradable sensación que perdurará de principio a fin mientras se disfruta de suculentos sabores y texturas.

Puras gollerías su Cococha de Merluza ‘Al pil-pil’ ahumado de miso, con emulsión de ajo negro japonés y chips de ajo, los Daditos de langostinos tempurizados con mahonesa picante, o el Ikizukuri de Pescado Blanco con delicioso trufa, sal y aceite de Arbequina. Maravillosos los niguiris y muy rico el tartar de toro. De matrícula de honor el Wagyu y el Carabinero TOP (de calibre grande) con mayonesa picante y su cabeza salteada, uno de los platos icónicos de la casa, junto a la irresistible Torrija elaborada con pan brioche infusionada en hoja de limonero con azúcar moscavada y su bolita de helado de sésamo negro.

Kabutokaji es parada obligatoria para los amantes del buen comer y de la cultura y la gastronomía mediterráneo-japonesa.

JUANITO DE BARRANCO (Barranco, Lima)

Como en todo, hay buena y mala comida callejera, y el Sanguchon peruano, por fortuna, es de las buenas . Tuvimos el gran acierto de visitar Juanito de Barranco en Barranco (Lima, Perú). A lo alto del mismísimo Océano Pacífico, fue una magnífica elección probar sus exquisitos sánguches (o sanguchones). Se trata de una especie de exquisitos molletes de suave masa a la par que contundentes. Elegimos uno de Jamón del Norte (o del País) acompañado de su peruanísima cebolla morada (deliciosa) y de su ají limo, y otro igual, pero con un Jamón más ahumado. Los acompañamos de un par de pisco sours, uno el clásico y el otro de fresas; de los mejores que se pueden probar en este exuberante país (y ya es decir, pues es bien seguro que los bordan casi en todos sus locales).

Regentado desde 1937 por la familia Casusol, es sin duda un bar imprescindible en la historia de la gastronomía peruana. En absoluto defrauda. De hecho, no probamos más #sanguches durante nuestra estancia en Perú, por no olvidar el especial sabor de tales delicias barranquitas. ¡Larga vida pues a Juanito del Barranco y a su rica a la par que sencillísima comida!

Restaurant Paccha (Cusco)

Ubicado en una céntrica zona de Cusco, entre hoteles, casas de cambio y algún que otro mercado artesanal de souvenirs, Paccha Restaurant Pizzería acoge con amabilidad y calidez a cuantos a sus mesas van a parar. Casi siempre turistas aconsejados por algún guía turístico como fue nuestro caso.

Nos parecieron muy ricas su causa limeña y su ají de gallina. Platos caseros, que pese a su sencillez, o tal vez debido a ello, resultan agradables al gusto, sabrosos y equilibrados. En su carta disponen de variadas recetas a base de pollo, y por aquello de evitar el posible “mal de alturas” (no olvidemos que la ciudad se encuentra a 3.399 metros sobre el nivel del mar) optamos por unas pechugas ligeras con salsa de piña para culminar nuestro frugal pero delicioso almuerzo.

Fuera de España es difícil disfrutar de nuestras famosas tapas, y en ocasiones se añoran e incluso se hace “pesada” la espera cuando te sirven la bebida y no hay “un algo” con que acompañar ese primer trago (Cerveza Cusqueña y agua en nuestro caso). Sin embargo, en esta ocasión, nos obsequiaron con un Pisco Sour para abrir boca y aguardar la llegada de nuestra selección de platos.

Versiones andinas (a base de flauta de pan) de Abba, de Scorpions y hasta de The Jackson 5, acompañaban el momento sonando suave a través del hilo musical. Un restaurant (así sin “e”) familiar y volcado con el no parar de viajeros que arriban en este mágico enclave de los Andes peruanos, antaño capital del Imperio Inca.

Bendita la patata, que gracias a aquellos navegantes europeos, y en concreto al español Pedro Cieza de León, años ha podemos disfrutar por estos lares, al otro lado del océano. Eso sí, la utilización que allí le dan, así como las más de 3.500 variedades que cultivan, bien merecen “cruzar el charco” y paladear su cocina tan exótica como deliciosa y ancestral.

Astrid & Gastón (Lima)

Maravillosa experiencia en Astrid&Gastón (Lima, Perú). No solamente cuentan con un equipo maravilloso y altamente cualificado (Genuar Jhunior proviene de Arzumendi y Juan Carlos Melme nos preparó unos de los más deliciosos #piscosours que habíamos probado hasta entonces).

Disfrutamos de un espectacular Cebiche de lenguado en su versión clásica; Cuy Pekinés de toda la vida con panqueques de maíz morado y salsa hoisin de rocoto (riquísimo); Gyozas de setas orientales con salsa chifera y ajonjolí; exquisitos Canelones de pato con Veloute de yuzu, salsa Pekín y yuyo frito; Mollejas de res a la meunier del oriente con Puré de camotillo, y ensalada de naranjas asadas y una Santa Bomba para finalizar, a base de Helado de turrón, aguaymanto, mazamorra morada, chocolate ahumado con palo santo, masa de turrón y compota de carambola.

Más que recomendable. Para vivirlo sí o sí, y que no te lo cuenten. Sin más: ¡A-lu-ci-nan-te!
Vinazo peruano por cierto, de Intipalka.
¡Muy top!

Amparito Roca

Mucho más que un pasodoble, el Restaurante Amparito Roca es un verdadero templo gastronómico, y quizás, y a pesar de (afortunadamente), llenar su comedor a diario (méritos no les faltan), todavía para muchos tal vez sea menos conocido de lo que merece.

La larga trayectoria de Jesús Velasco (originario de Atienza, Guadalajara), propietario de este espectacular local sito en la madrileña calle de Juan Bravo, se palpa en todo momento.

Su cocina expresa sin complejos ni titubeos un excelso compendio de recetas rebosantes de conocimiento, buen producto y buen hacer.

La fórmula no falla. Puras gollerías. Su Ajoblanco Con Crujiente De Torrezno, con Sardina Ahumada Y Sorbete De Tempranillo, su Salmón Marinado En Casa Con Las Guarniciones Del Chef Collado (¡riquísimo!). De llorar de buenos sus Torreznos Sorianos De Atienza (Guadalajara)-no podía esperar menos-, y no se queda atrás su salpicón, un platazo lleno de sabor y de marisco del bueno. En la misma línea un Ceviche de pescado blanco y Salmón “con sus avíos”; de matrícula de honor la ventresca con la que nos agasajó, y para terminar el recital, unas inolvidables alubias; unos huevos rotos con boletus, foie, trompetas de la muerte y trufa Melanosporum, y un final feliz con un postre, refrescante y delicioso, a base de sabrosas frutas tropicales, ron y helado de mojito. ¡Inolvidable!

Trato diez. Ambiente inmejorable. Jesús, artífice y perfecto anfitrión; apasionado, atento, elegante, y por si fuera poco, buena gente, todo sea dicho, dirige esta magna casa con diligencia y eficacia. Para repetir y marcarse más de un festival al compás de cualquiera de los buenos vinos que ofrece en su carta.

Restaurante La Tropical

Si hay un restaurante imprescindible en la zona del Mar Menor es sin duda La Tropical en Los Alcázares.

Fundado en 1936, es toda una referencia de la mejor gastronomía de esta zona de Murcia.

Su actual jefe de cocina, el madrileño Daniel Díaz Cañadas (Hotel Almadraba Park, La Sucursal, Paco Torreblanca, Coque, El Bohío), ejecuta con verdadera pericia y altas dosis de frescura y sabiduría, un sinfín de platos que rozan la excelencia gastronómica.

Platos con esencia mediterránea, elaborados con productos selectos y una muy cuidada materia prima; productos locales en su gran mayoría, combinados y tratados con mucha sazón y maestría, y con un inconfundible toque personal que el joven y experimentado chef imprime en su cocina.

Entre sus variadas propuestas caben desde un extraordinario ceviche de lubina, o una sorprendente Alcachofa y baba Ganoush, deliciosas croquetas de jamón o de queso azul Blue, o un sublime arroz con Pato, foie y calabaza. Platos dignos de un auténtico cocinero con estrella. Las torrijas de este emblemático lugar, son famosas, y no es para menos.

La verdad es que es siempre un autentico placer deleitarse a base de bien comiendo y bebiendo de manera tan extraordinaria. Y más, ¡en La Manga!