Kabutokaji

Así como 𝗞𝗮𝗯𝘂𝘁𝗼 es el casco tradicional de la armadura japonesa, empleado por primera vez por los guerreros medievales japoneses, que evolucionaron hasta los samuráis, “Patty Kabutokaji” es el alma mater de Kabutokaji, restaurante que regenta con una excelente mezcla de eficiencia y amor y rigor, a partes iguales.

Lo de Kōji viene, nos cuenta Patricia Carbajosa, de su fascinación por Mazinger Z, cuyos fans recordarán a Kōji Kabuto, el protagonista. Lo cierto es cuando se entra a Kabutokaji se percibe una grata sensación de placer. paz y armonía, que contrasta de maravilla con la versatilidad de cada detalle, decorativo o sensorial, agradable sensación que perdurará de principio a fin mientras se disfruta de suculentos sabores y texturas.

Puras gollerías su Cococha de Merluza ‘Al pil-pil’ ahumado de miso, con emulsión de ajo negro japonés y chips de ajo, los Daditos de langostinos tempurizados con mahonesa picante, o el Ikizukuri de Pescado Blanco con delicioso trufa, sal y aceite de Arbequina. Maravillosos los niguiris y muy rico el tartar de toro. De matrícula de honor el Wagyu y el Carabinero TOP (de calibre grande) con mayonesa picante y su cabeza salteada, uno de los platos icónicos de la casa, junto a la irresistible Torrija elaborada con pan brioche infusionada en hoja de limonero con azúcar moscavada y su bolita de helado de sésamo negro.

Kabutokaji es parada obligatoria para los amantes del buen comer y de la cultura y la gastronomía mediterráneo-japonesa.

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JUANITO DE BARRANCO (Barranco, Lima)

Como en todo, hay buena y mala comida callejera, y el Sanguchon peruano, por fortuna, es de las buenas . Tuvimos el gran acierto de visitar Juanito de Barranco en Barranco (Lima, Perú). A lo alto del mismísimo Océano Pacífico, fue una magnífica elección probar sus exquisitos sánguches (o sanguchones). Se trata de una especie de exquisitos molletes de suave masa a la par que contundentes. Elegimos uno de Jamón del Norte (o del País) acompañado de su peruanísima cebolla morada (deliciosa) y de su ají limo, y otro igual, pero con un Jamón más ahumado. Los acompañamos de un par de pisco sours, uno el clásico y el otro de fresas; de los mejores que se pueden probar en este exuberante país (y ya es decir, pues es bien seguro que los bordan casi en todos sus locales).

Regentado desde 1937 por la familia Casusol, es sin duda un bar imprescindible en la historia de la gastronomía peruana. En absoluto defrauda. De hecho, no probamos más #sanguches durante nuestra estancia en Perú, por no olvidar el especial sabor de tales delicias barranquitas. ¡Larga vida pues a Juanito del Barranco y a su rica a la par que sencillísima comida!

Restaurant Paccha (Cusco)

Ubicado en una céntrica zona de Cusco, entre hoteles, casas de cambio y algún que otro mercado artesanal de souvenirs, Paccha Restaurant Pizzería acoge con amabilidad y calidez a cuantos a sus mesas van a parar. Casi siempre turistas aconsejados por algún guía turístico como fue nuestro caso.

Nos parecieron muy ricas su causa limeña y su ají de gallina. Platos caseros, que pese a su sencillez, o tal vez debido a ello, resultan agradables al gusto, sabrosos y equilibrados. En su carta disponen de variadas recetas a base de pollo, y por aquello de evitar el posible “mal de alturas” (no olvidemos que la ciudad se encuentra a 3.399 metros sobre el nivel del mar) optamos por unas pechugas ligeras con salsa de piña para culminar nuestro frugal pero delicioso almuerzo.

Fuera de España es difícil disfrutar de nuestras famosas tapas, y en ocasiones se añoran e incluso se hace “pesada” la espera cuando te sirven la bebida y no hay “un algo” con que acompañar ese primer trago (Cerveza Cusqueña y agua en nuestro caso). Sin embargo, en esta ocasión, nos obsequiaron con un Pisco Sour para abrir boca y aguardar la llegada de nuestra selección de platos.

Versiones andinas (a base de flauta de pan) de Abba, de Scorpions y hasta de The Jackson 5, acompañaban el momento sonando suave a través del hilo musical. Un restaurant (así sin “e”) familiar y volcado con el no parar de viajeros que arriban en este mágico enclave de los Andes peruanos, antaño capital del Imperio Inca.

Bendita la patata, que gracias a aquellos navegantes europeos, y en concreto al español Pedro Cieza de León, años ha podemos disfrutar por estos lares, al otro lado del océano. Eso sí, la utilización que allí le dan, así como las más de 3.500 variedades que cultivan, bien merecen “cruzar el charco” y paladear su cocina tan exótica como deliciosa y ancestral.

Astrid & Gastón (Lima)

Maravillosa experiencia en Astrid&Gastón (Lima, Perú). No solamente cuentan con un equipo maravilloso y altamente cualificado (Genuar Jhunior proviene de Arzumendi y Juan Carlos Melme nos preparó unos de los más deliciosos #piscosours que habíamos probado hasta entonces).

Disfrutamos de un espectacular Cebiche de lenguado en su versión clásica; Cuy Pekinés de toda la vida con panqueques de maíz morado y salsa hoisin de rocoto (riquísimo); Gyozas de setas orientales con salsa chifera y ajonjolí; exquisitos Canelones de pato con Veloute de yuzu, salsa Pekín y yuyo frito; Mollejas de res a la meunier del oriente con Puré de camotillo, y ensalada de naranjas asadas y una Santa Bomba para finalizar, a base de Helado de turrón, aguaymanto, mazamorra morada, chocolate ahumado con palo santo, masa de turrón y compota de carambola.

Más que recomendable. Para vivirlo sí o sí, y que no te lo cuenten. Sin más: ¡A-lu-ci-nan-te!
Vinazo peruano por cierto, de Intipalka.
¡Muy top!

Amparito Roca

Mucho más que un pasodoble, el Restaurante Amparito Roca es un verdadero templo gastronómico, y quizás, y a pesar de (afortunadamente), llenar su comedor a diario (méritos no les faltan), todavía para muchos tal vez sea menos conocido de lo que merece.

La larga trayectoria de Jesús Velasco (originario de Atienza, Guadalajara), propietario de este espectacular local sito en la madrileña calle de Juan Bravo, se palpa en todo momento.

Su cocina expresa sin complejos ni titubeos un excelso compendio de recetas rebosantes de conocimiento, buen producto y buen hacer.

La fórmula no falla. Puras gollerías. Su Ajoblanco Con Crujiente De Torrezno, con Sardina Ahumada Y Sorbete De Tempranillo, su Salmón Marinado En Casa Con Las Guarniciones Del Chef Collado (¡riquísimo!). De llorar de buenos sus Torreznos Sorianos De Atienza (Guadalajara)-no podía esperar menos-, y no se queda atrás su salpicón, un platazo lleno de sabor y de marisco del bueno. En la misma línea un Ceviche de pescado blanco y Salmón “con sus avíos”; de matrícula de honor la ventresca con la que nos agasajó, y para terminar el recital, unas inolvidables alubias; unos huevos rotos con boletus, foie, trompetas de la muerte y trufa Melanosporum, y un final feliz con un postre, refrescante y delicioso, a base de sabrosas frutas tropicales, ron y helado de mojito. ¡Inolvidable!

Trato diez. Ambiente inmejorable. Jesús, artífice y perfecto anfitrión; apasionado, atento, elegante, y por si fuera poco, buena gente, todo sea dicho, dirige esta magna casa con diligencia y eficacia. Para repetir y marcarse más de un festival al compás de cualquiera de los buenos vinos que ofrece en su carta.

Restaurante La Tropical

Si hay un restaurante imprescindible en la zona del Mar Menor es sin duda La Tropical en Los Alcázares.

Fundado en 1936, es toda una referencia de la mejor gastronomía de esta zona de Murcia.

Su actual jefe de cocina, el madrileño Daniel Díaz Cañadas (Hotel Almadraba Park, La Sucursal, Paco Torreblanca, Coque, El Bohío), ejecuta con verdadera pericia y altas dosis de frescura y sabiduría, un sinfín de platos que rozan la excelencia gastronómica.

Platos con esencia mediterránea, elaborados con productos selectos y una muy cuidada materia prima; productos locales en su gran mayoría, combinados y tratados con mucha sazón y maestría, y con un inconfundible toque personal que el joven y experimentado chef imprime en su cocina.

Entre sus variadas propuestas caben desde un extraordinario ceviche de lubina, o una sorprendente Alcachofa y baba Ganoush, deliciosas croquetas de jamón o de queso azul Blue, o un sublime arroz con Pato, foie y calabaza. Platos dignos de un auténtico cocinero con estrella. Las torrijas de este emblemático lugar, son famosas, y no es para menos.

La verdad es que es siempre un autentico placer deleitarse a base de bien comiendo y bebiendo de manera tan extraordinaria. Y más, ¡en La Manga!

SACHA HORMAECHEA

Hoy no puedo (podemos -mi chico y yo-), más que dar las GRACIAS (así, en mayúsculas) por la noche de FELICIDAD infinita e inmensa que vivimos ayer en #sacha la irreemplazable “botillería y fogón”, el restaurante que lleva el nombre de quien lo regenta desde 1971.

Pero, ¿que son 51 años cuando la esencia y las raíces se conservan tan vivas, tan frescas, tan contemporáneas, tan imperfectamente perfectas? En esta imprescindible casa de comidas madrileña se respira autenticidad y confianza por los cuatro costados y se come de maravilla, casi diría que hasta de ensueño. Y aunque no creo mucho en las coincidencias, elegí celebrar aquí el cumpleaños de mi @cesargarciabartender por una pura corazonada, y no sólo no pude elegir mejor, si no que mira por donde también cumplía años ayer el gran Sacha Hormaechea.

Rendidos desde el minuto uno tanto a sus encantos personales, a su humanidad y a su inimitable carisma, como a la inimitable chispa de su cocina, comimos y bebimos sin parar de disfrutar. El festín se compuso de un excelso Medregal con Corazón de atún rojo de almadraba; todo un HOMENAJE a los pinchos y a las tapas. Espárrago blanco como lo comía Luis XIV, el Rey Sol, aunque para rey éste espárrago con su extraordinaria mantequilla y su magnífica historia. No faltó una inimitable y mítica tortilla vaga con sus guindillas y morcillita picante cordobesa. Acto seguido, una apoteósica y triunfal oreja, entera, con un chimichurri y una romesco de libro, partida y servida en la propia mesa, nos acabó de enamorar. Manjar de dioses el tuétano con su guarnición de solomillo con el que tuvimos la suerte de finalizar.

Eso sí, no faltó la tarta dispersa, que al fin y al cabo, había que soplar las velas; abundantes abrazos, una emotiva e inolvidable conversación y la promesa de vernos muy pronto, sombreros incluidlos, para volver a brindar haya o no haya motivo. ¡Larga vida amigo!

Restaurante El Pescador

Hoy nos hemos dado un homenaje de autenticidad. Y es que el pasado miércoles, en el cumple de papá, preguntando a Mari Ángeles y a Pere (“Pincelín”), sobre algunos de sus restaurantes preferidos de Madrid, no dudaron en citarnos Restaurante El Pescador. ¡Y qué acierto! Como está cerca de casa, y además hoy no teníamos demasiadas ganas de guisar, no he dudado ni un momento en llamar y reservar una mesa para dos en tan ilustre local. Propiedad de la familia García Azpíroz, (fundadores de Pescaderías Coruñesas), esta casa abrió sus puertas en el año 1975 (tres años antes por cierto de nacer yo). Es decir, que son ya casi cinco décadas ofreciéndonos pescados y mariscos fuera de serie.

Producto y más producto. Sin “tontería” ni artificios. Y qué sencillo a la par que maravilloso lograr conquistar el corazón y el paladar de unos y otros, con su inimitable lenguado «Evaristo» o con unas alcachofas con almejas como las que hoy hemos tenido el gusto de tomar. Superada con creces “la prueba de fuego”, la de las croquetas, caseras, de carabinero y de chipirón, hemos dado pie a un emocionante arroz con leche y a una dulce filloa. Ultreia Godello D.O. Bierzo para brindar y un café acompañado de un licor de hierbas que hacen ellos, y que ha puesto el broche final, o mejor dicho, de oro, a una comida excepcional.

Los Montes de Galicia

Los Montes de Galicia, sito en Madrid, C/ Azcona 46 (https:// losmontesdegalicia.es/) celebra este 2022 su 25 Aniversario, motivo por el cual el restaurante dispone de un menú muy especial basado en una amplia selección de platos de su actual carta.
Considerado el mejor restaurante de Madrid según Trip Advisor, son ya cuatro los años que ostentan dicho título, con más de 8.000 comentarios. Ademas, en agosto de 2021 se les otorgó el premio “Travellers’ Choice The Best os the Best”, título mediante el que dicha plataforma reconoce al restaurante como el número uno en España según los usuarios.
Regenta el restaurante Jose Espasandín, único propietario, que dejó de estar en la cocina por problemas de salud hará unos seis años, pero que sigue al pie del cañón, aunque delegó sus funciones a cargo de los fogones en su actual jefe de cocina y mano derecha, David Tova. Se definen como un restaurante de corte gallego, especializado más en monte que en mar, con bastantes guiños de fusión, y ciertos toques de tinte actual. Buenos vinos, y un producto de calidad que se intenta mimar tanto o más que al comensal, son algunas de las claves del éxito de este agradable local, que consigue llenar a diario.
Muchísimas horas de trabajo y dedicación, y un esmerado servicio de los que apenas quedan, son sólo parte del éxito de esta casa de comidas madrileña, donde es posible disfrutar lo mismo de un buen Caldo gallego que de un Sashimi de vieiras con pipirrana de mango y ají amarillo. Deliciosos carabineros en su sección de marisco, un extraordinario Steak Tartar con tuétano asado y patatas suffle, exquisito tataki de atún rojo con salmorejo y trigueros, o lubina salvaje a la pimienta de Sechuan con salsa de vino tinto, en su apartado “Del Mar”, y de postre una dulce tarta de queso gallego con confitura casera de fruta de la pasión y mango o un Micuit de Chocolate con Suzzêtte de Naranja, por citar solo alguno de sus platos.
Meritoria la labor que se lleva a cabo día a día en este imprescindible restaurante de los pocos en Madrid donde poder comer bien, variado y a un precio medio razonable y moderado.


Maralba Restaurante

Gracias César Luis García Fernández mi amor por tan maravillosa elección.

Me contaba Cristina Díaz que la primera crítica gastronómica se la hizo mi padre, Juan Antonio Díaz y decía: “Si las hadas y los hados lo permiten, Maralba Restaurante triunfará”. ¡Y vaya si ha triunfado! Ha sido un honor para mí este gran regalo de cumpleaños. Gracias César Luis García Fernández mi amor por tan maravillosa elección.

Maralba Restaurante ofrece una auténtica experiencia gastronómica con guiños constantes al producto, a los orígenes y a Albacete, esa tierra que vio nacer este sueño hecho realidad por Fran Martínez y Cristina Díaz.

Dieciocho años de vida atesoran ya, y sus dos merecidas estrellas Michelin, brillan hoy con más fuerza e intensidad que nunca.

Almansa cuenta con un tesoro más dentro de su patrimonio y es sin duda una parada obligatoria para todo aquel que busque trasladarse más allá, a través de sus sentidos, y en especial, de su paladar.

Salud y larga vida Maralba.

Mis más sinceras felicitaciones.